Desarticulada la mayor red europea de falsificación de tarjetas de crédito

16/06/2010

Se trata de una de las últimas operaciones del juez Garzón al frente del juzgado número 5 de la Audiencia Nacional

Madrid- Alto tren de vida, utilización de tecnología punta, métodos coercitivos para evitar delaciones y funcionamiento a través de células al más puro estilo del terrorismo internacional son las señas de identidad de una organización mafiosa que extendía sus tentáculos por Europa y EE UU, y que ha sido desarticulada gracias al trabajo de la Policía española.
Dos años de investigación
Las pesquisas se iniciaron en Valencia en 2008, cuando se recibieron denuncias por trucaje de cajeros automáticos con sofisticados sistemas a distancia. Tras seguir a los responsables, los investigadores detectaron que pertenecían a una red rumana que operaba a través de células dirigidas desde el país eslavo. Sólo los líderes nacionales de las células conocían a los cabecillas, únicos integrantes que no han sido detenidos aún.
Sí se ha arrestado a 178 miembros –76 en España, incluidos dos jefes de la célula española– en 14 países, se han desmantelado 11 laboratorios de clonación y se han intervenido 5.000 tarjetas de crédito falsas, 30 bocas de cajero simuladas y 120.000 números de tarjeta preparados para su utilización. Para evitar posibles «chivatazos», los jefes amenazaban a sus subordinados –encargados de copiar las tarjetas y de sacar dinero o hacer compras con ellas– con tomar represalias contra sus familias si facilitaban información a las autoridades en caso de resultar detenidos. Si se mantenían fieles, se hacían cargo de su defensa legal y de mantener a sus familiares.
Para asegurarse el monopolio, las células amenazaban o propinaban palizas a cualquier delincuente que actuase en su «territorio». Incluso son sospechosas de haber participado en asesinatos por ajustes de cuentas sin resolver.
La banda era «aficionada a las bacanales» y podían gastar hasta 3.000 euros en juergas con prostitutas. También viajaban a ciudades como París, donde realizaban caras compras en tiendas de lujo pagando con tarjetas falsas.
El comisario de la Unidad de Delincuencia Especializada, Serafín Castro, aseguró la red obtuvo unos beneficios «incalculables». Sólo durante el seguimiento a la sección española, los detenidos transfirieron tres millones de euros. El juez Baltasar Garzón dirigió la operación en una de sus últimas acciones al frente del juzgado 5 de la Audiencia Nacional.


«Skimming» de alta tecnología
El sofisticado «departamento de I+D» de la banda diseñó un dispositivo que, simulando la ranura donde se introduce la tarjeta en los cajeros, copiaba las bandas magnéticas, una técnica conocida como «skimming». Éste funcionaba por Bluetooth, de forma que los estafadores obtenían los datos desde un coche y sin arriesgarse a ser grabados por las cámaras de seguridad. El inventor es un «hacker» rumano que lideró el grupo desde Valencia, aunque se había trasladado a EE UU, donde fue apresado con 30.000 dólares en billetes de 20 en su poder.


 

 
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